PRESENTACION AL LIBRO “NO ERA QUIEN ME DIJERON SER”

Por Pío Domingo Rosales Sena

Este es un texto que leí en la presentación de un libro:

Tengo el gran honor de presentar el primer libro de Alejandra Inclán. A esta distinción debo añadir que estuve presente en la conformación y formación de la obra, a veces como mudo testigo de la elaboración de un cuento, otras dando una crítica constructiva al mismo.

El oficio de escritor que la autora lleva dentro de sí no está exclusivamente dedicado a ser cuentista. También escribe artículos para revistas o periódicos, novela y poesía. Y su amor por el arte lo extiende a la fotografía, expresión congelada de un instante de la realidad. Podemos afirmar que es una artista en toda la extensión de la palabra con un producto social.

Las discusiones sobre la relación entre sociedad y arte han llegado a ser fatigantes. Pero eso no es lo grave. Lo terrible del caso es que luego de tanta polémica  todavía no hemos llegado a ningún acuerdo. Sin embargo, hay diversos puntos que arrojan mayor claridad. No hay duda, por ejemplo, de que la literatura es un reflejo social, algo que influye sobre la sociedad como antes ésta la ha determinado. La literatura, independientemente de lo que piensen sus creadores, es en efecto un producto social. Que además expresa la realidad de su tiempo y/ o busca la verdad.

“No era quien me dijeron ser”, expresa una realidad tan actual: la transexualidad; y busca la verdad: descubrir quién es en esencia Valeria. Para ello, Alejandra utiliza cuentos y poemas que al mismo tiempo están inconexos y conectados unos con otros.

La obra está estructurada en cuatro secciones:

  1. Gestación.
  2. Familia, amigos y trabajo.
  3. Amor, parejas…
  4. Nostalgia

Cada una de ellas con una estructura lineal en la narración de los hechos.

La acción de los escritos lleva un orden específico donde domina veladamente la profundización psicológica y filosófica.

La novela inicia en forma directa, y el clímax de la misma nos lo va presentando fragmentadamente en cada uno de los relatos, para en el momento clave de descubrir “¿Quién es?” develarnos su esencia.

Su desenlace es abierto, así nos lo da a entender la autora:

“<<¡Bambina!>>, le escuchó tras la puerta… estas palabras… quedaron abiertas como venas cuando me perdí de ese beso entre los vagones de un tren… Abro la puerta y lo beso. Adiós al pasado, estoy construyendo un nuevo comienzo.”

Este final nos permite soñar con la continuación de la historia.

Su construcción digresiva rompe de modo sistemático el desarrollo de la acción principal con reflexiones continuas de aspectos que nada tienen que ver con la misma, pero si con el “liber corporis”.

Valeria, la protagonista es un personaje rico psicológicamente hablando, tiene la capacidad de sorprendernos, ya que evoluciona su psique a lo largo de la novela, por ello es un personaje redondo.

El espacio en el que se desarrolla la historia es, un factor condicionante de esta acción, un configurador de estados anímicos. La influencia del espacio sobre el personaje puede ser favorable o desfavorable acorde a los espacios abiertos o cerrados, exóticos o realistas que la dominan.

Su densidad temporal lleva un orden cronológico en la narración, es decir, es temporal.

La narración en segunda persona que utiliza Alejandra, es un reflejo directo del psiquismo y el filosofar del personaje, Valeria. Que utilizando diversas formas literarias, por ejemplo la poesía, nos lleva a su monologo interior para ir a la búsqueda de saber quién es ella. Estamos en presencia de un psicoanálisis, donde la lucha del ello (principio del placer inmediato), el yo (principio de la realidad, con mecanismo de defensa) y el superyó (principio de socialización, aprendido de los padres) buscan un equilibrio de fuerzas, partiendo del principio filosófico “Conócete a ti mismo”.

Desde la antigüedad conocer la realidad, es decir Esencia y Existencia ignorada, conduce a conocer la verdad, y para ello se inicia con uno mismo. Los filósofos de antaño sabían que una mente clara y lúcida era en sí misma fuente de liberación interior y de transformaciones profundas, que se alimentaba del compromiso diario con el propio perfeccionamiento. Esta convicción de que sabiduría y vida son indisociables hacía de la filosofía maestra de vida, y su práctica el saber terapéutico por excelencia. Esta “praxis”, de ejercicios filosóficos en la actualidad lo conocemos como el método “PEACE”; va más allá de la psicología. Y es este procedimiento el que aplica Valeria para descubrir que “No era quien me dijeron ser”.

Todos los escritores, nos enfrentan a sus textos para hacernos reflexionar, y experimentar en el alma, en el corazón, la contemplación de las ideas y de las experiencias de cada autor que por extensión son las nuestras y/o la de nuestra generación. Alejandra, logra a través de Valeria, enfrentarnos a esa realidad percibida, existente de fantasías, ilusiones, sueños o utopías creadas; con la realidad construida, que representa el embrión del conocimiento, el primer estado, absolutamente necesario para el progreso y el develamiento de la verdad. Misma que en esta obra inicia con la oblación de la protagonista “Hazme una niña” donde desvela su feminidad eterna.

Podemos concluir que Valeria, contempla la situación desde el punto filosófico, ontológico y gnoseológico y en algunos casos axiológicos, para alcanzar el equilibrio, con actos justificados y adecuados, para enfrentar el problema y los cambios que ocasiona. Alcanzando así la paz externa e interna. Todo mediante el uso de la razón y la fe, al descubrir que “No era quien me dijeron ser”.

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